En política, las coincidencias suelen ser estrategias bien ejecutadas. La elección de José Balcázar como presidente interino del Perú no es un simple movimiento administrativo en medio de la tormenta electoral; es una jugada con implicancias profundas.
Formalmente, el país tiene a un presidente identificado con la izquierda. Políticamente, sin embargo, el escenario favorece a la derecha.
El contexto no podría ser más delicado: inseguridad desbordada, desconfianza institucional, economía estancada y una ciudadanía agotada. Gobernar hoy no es un privilegio; es asumir el desgaste. Y en plena antesala electoral, el desgaste tiene dueño.

La izquierda parlamentaria no contaba con los votos suficientes para imponer por sí sola esta elección. Eso significa que sectores de derecha y centro permitieron que ocurriera. No fue un triunfo ideológico; fue una suma táctica. Cuando los números no alcanzan y aun así se alcanza el poder, hay acuerdos explícitos o silencios convenientes.
La pregunta central no es si Balcázar es de izquierda. La pregunta es a quién beneficia que él gobierne precisamente ahora.
Si en estos meses no se logran resultados visibles en seguridad y estabilidad política, el discurso electoral quedará listo: “La izquierda tuvo su oportunidad y fracasó”. El mensaje es sencillo, emocional y eficaz. En campaña, eso basta.
Desde 2016, la política peruana ha vivido bajo la lógica de la confrontación permanente. Vacancias, censuras y bloqueos no fueron episodios aislados, sino parte de una dinámica que erosionó la gobernabilidad. El país no llegó a esta crisis por generación espontánea. Fue empujado, paso a paso, hacia la inestabilidad.
Permitir que un adversario asuma el costo en el peor momento puede ser más rentable que impedirle el paso. Es una apuesta de bajo riesgo: si fracasa, confirma el relato; si logra algo positivo, el Congreso siempre conserva capacidad de control y presión.
Esto no exonera a la izquierda de responsabilidad. Gobernar implica responder, no justificar. La ciudadanía exige resultados, no explicaciones históricas. Pero tampoco se puede analizar este episodio con ingenuidad política.
Hoy tenemos un presidente que proviene de la izquierda. Sin embargo, su elección, en el momento más complejo del calendario político, podría convertirse en el movimiento más inteligente de la derecha.
En el Perú contemporáneo, el poder no siempre se ejerce desde quien ocupa el despacho presidencial. A veces se ejerce desde quien calcula cuándo conviene que otro lo ocupe.
Marcos GY