Todo.pe

El voto también sirve para castigar

A woman participates in a demonstration during a Peruvian Congress session to accept President Pedro Pablo Kuczynski’s resignation in Lima, Peru with a banner that reads " let them all go, rotten congress"March 22, 2018. REUTERS/Mariana Bazo

Durante años los peruanos hemos escuchado el mismo libreto en cada campaña electoral: promesas de seguridad, crecimiento económico, lucha frontal contra la corrupción y servicios públicos dignos. Sin embargo, cuando se revisa lo ocurrido en la práctica, queda claro que una parte importante de la clase política que hoy ocupa el poder ha tenido oportunidades suficientes para demostrar de qué está hecha… y los resultados están a la vista.

El país atraviesa una crisis de seguridad que golpea todos los días a miles de familias. La extorsión, el crimen organizado y la violencia se han instalado en barrios, mercados y transportes públicos. Al mismo tiempo, la informalidad continúa creciendo y millones de peruanos sobreviven en una economía precaria donde el Estado aparece tarde o simplemente no aparece. En salud y educación, las brechas siguen siendo profundas, especialmente fuera de Lima.

Mientras tanto, demasiados partidos han utilizado el poder para otras cosas: peleas internas, cálculos políticos, blindajes, disputas por cargos o decisiones pensadas más en la próxima elección que en el bienestar del país. En lugar de construir soluciones, muchos han contribuido a una sensación de desgaste permanente de la política.

Las elecciones, sin embargo, no existen solo para escuchar nuevas promesas. También son el momento en que los ciudadanos pueden evaluar con serenidad la conducta y los resultados de quienes ya han tenido poder. Gobernar no es un experimento ni un privilegio personal. Es una responsabilidad pública que debe medirse por lo que se logra o se deja de lograr.

Por eso el voto no solo sirve para elegir opciones nuevas. También sirve para exigir responsabilidad política.

Cuando un partido ha gobernado, ha tenido mayoría en el Congreso o ha participado activamente en decisiones que marcaron el rumbo del país, corresponde preguntarse con honestidad:
¿Mejoró la seguridad ciudadana durante su gestión?
¿Se redujo la corrupción o se multiplicaron los escándalos?
¿Se fortalecieron los servicios públicos o se mantuvieron las mismas carencias?
¿Se gobernó pensando en el país o en intereses partidarios?

Responder estas preguntas permite ejercer un voto más consciente. Y a veces la conclusión es incómoda pero necesaria: hay partidos que ya tuvieron su oportunidad y no estuvieron a la altura.

La democracia se debilita cuando los ciudadanos olvidan rápidamente y vuelven a premiar a quienes han demostrado incapacidad o irresponsabilidad. Pero se fortalece cuando el electorado envía un mensaje claro: el poder no es permanente y debe renovarse cuando los resultados no llegan.

Castigar con el voto no es un acto de rabia ni de resentimiento. Es un acto de responsabilidad democrática. Significa recordar que el poder político pertenece a los ciudadanos y que quienes lo ejercen deben rendir cuentas.

El Perú necesita renovar su política, recuperar la confianza pública y demostrar que la democracia puede corregirse a sí misma. Y esa corrección empieza cuando los ciudadanos deciden no seguir premiando a quienes ya demostraron que no estuvieron a la altura del país que prometieron construir.

Por eso, en las próximas elecciones, el voto también debe servir para marcar un límite. Castigar políticamente a los partidos que han tenido poder y no han cumplido. A aquellos que dominaron el Congreso en los últimos años y terminaron convirtiéndolo en un espacio de pactos, blindajes y decisiones alejadas de las prioridades del país.

Partidos como Fuerza Popular, Renovación Popular, Avanza País y Perú Libre, que tuvieron un papel determinante en el Congreso, deben ser evaluados con rigor por los ciudadanos. Si el balance de su actuación es negativo, la consecuencia democrática es clara: no volver a premiarlos con el voto.

El mensaje debe ser claro: el poder no es un premio permanente.
El voto no solo elige. El voto también pasa factura.

Marcos GY

Salir de la versión móvil