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Las ganancias son de las empresas, las pérdidas asume el pueblo

La crisis del gas provocada por el incidente en Megantoni ha dejado una escena que debería indignar a cualquier ciudadano. Cuando algo falla en un sistema manejado por empresas privadas, la cuenta termina pagándola el pueblo. El gobierno ha decidido entregar un bono de S/120 a los taxistas afectados por la falta de GNV. Nadie discute que los taxistas necesitan apoyo, porque ellos trabajan todos los días para sostener a sus familias y no tienen culpa de lo que ha ocurrido. El problema no es ayudar a los taxistas. El problema es quién termina pagando esa ayuda.

Ese dinero no sale de la nada. Sale de los impuestos. Sale del bolsillo de todos los peruanos. Y ahí aparece la gran injusticia. Cuando las empresas que manejan servicios estratégicos como el gas tienen ganancias, esas ganancias se quedan con ellas. No se reparten entre los ciudadanos. No regresan al país en forma de beneficios directos para la gente. Son utilidades privadas que quedan en manos de unos pocos.

Pero cuando ocurre una falla, cuando hay un problema o una crisis, entonces aparece el Estado con dinero público para cubrir el daño. Es decir, cuando el negocio funciona las ganancias son privadas, pero cuando algo sale mal las pérdidas se vuelven públicas. El resultado es un sistema profundamente desigual en el que las empresas se quedan con los beneficios mientras la población carga con los costos.

Eso no es justo ni lógico. Si una empresa obtiene ganancias millonarias operando un servicio tan importante como el gas, también debe asumir las consecuencias cuando ese servicio falla. Eso se llama responsabilidad. Lo que no puede ocurrir es que las utilidades se privaticen mientras las pérdidas se socializan entre millones de ciudadanos que no tienen nada que ver con el problema.

Mientras tanto, millones de peruanos siguen trabajando todos los días, pagando impuestos y tratando de llegar a fin de mes. Ahora, además, tienen que cubrir el costo de errores que no cometieron. Por eso esta situación no solo es económica, también es moral. Un país donde las empresas ganan cuando todo va bien pero el pueblo paga cuando algo falla es un país donde las reglas están mal hechas.

El Perú necesita reglas claras y justas. Si las empresas privadas obtienen enormes ganancias operando recursos o servicios estratégicos, también deben responder cuando algo sale mal. De lo contrario se instala una lógica peligrosa: las empresas se quedan con las ganancias y el pueblo termina cargando con las pérdidas. Y eso, simplemente, no es justo.

Marcos GY

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