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El costo de la mala política: jóvenes sin beca, millones en armas

En el Perú de hoy, estudiar depende menos del mérito y más de decisiones políticas mal tomadas. Lo ocurrido con Beca 18 y la Generación del Bicentenario no es un error aislado: es el resultado de responsabilidades compartidas entre el Poder Ejecutivo y el Congreso de la República.

El primero, a través del Ministerio de Educación y Pronabec, lanzó convocatorias prometiendo decenas de miles de becas sin garantizar el financiamiento completo. El segundo, el Congreso, aprobó un presupuesto que no cubría esa expansión. Resultado: se generaron expectativas que el propio Estado no podía sostener.

Las cifras son claras. Financiar una beca integral de Beca 18 puede costar entre S/ 25,000 y S/ 40,000 anuales por estudiante. Si se prometieron alrededor de 20,000 becas, el compromiso total supera fácilmente los S/ 500 millones. Sin embargo, el presupuesto efectivo cubría solo una fracción de ese monto, dejando a miles de jóvenes fuera del sistema pese a haber cumplido los requisitos.

En paralelo, el Estado peruano ha destinado miles de millones de soles a la adquisición de equipamiento militar. Solo en proyectos recientes vinculados a la compra de aviones de combate, se han manejado cifras que bordean o superan los US$ 3,000 millones (más de S/ 11,000 millones). Es decir, más de veinte veces lo que habría costado cerrar la brecha de las becas prometidas.

Aquí no hay tecnicismos que valgan. Hay prioridades.

Mientras a los jóvenes se les dice que no hay presupuesto para estudiar, sí lo hay para fortalecer capacidades militares. Nadie discute que la defensa nacional es importante. Lo que se cuestiona es el orden de las decisiones: primero armas, después educación.

Esa lógica no solo es equivocada, es peligrosa. Porque un país no se desarrolla comprando aviones, sino formando ciudadanos. La verdadera seguridad no se construye en hangares, sino en universidades, institutos y escuelas.

Las denuncias por cambios en criterios de evaluación, retrasos y retiro de becas solo agravan un problema de fondo: un Estado que improvisa, que promete sin respaldo y que falla en lo esencial.

Hoy, miles de jóvenes no solo han perdido una beca. Han perdido confianza en el sistema.

Y cuando un país pierde eso, no hay presupuesto que lo recupere fácilmente.

Marcos GY

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