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9 de mayo: La victoria de la Unión Soviética que cambió el destino del mundo

Cada 9 de mayo, millones de personas conmemoran la victoria de la Unión Soviética sobre la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial. Para algunos países es una ceremonia histórica; para otros, una celebración militar. Pero más allá de las diferencias políticas actuales, esta fecha representa uno de los acontecimientos más importantes para la humanidad en el siglo XX.

La derrota del nazismo no fue simplemente una victoria geopolítica ni un triunfo militar más. Fue la caída de un régimen basado en el odio racial, la persecución, el exterminio y la violencia extrema convertida en política de Estado. El fascismo nazi llevó al mundo a una guerra que dejó más de 70 millones de muertos y una destrucción nunca antes vista.

En esa lucha, la Unión Soviética soportó el frente más brutal de toda la guerra. Millones de soldados y civiles soviéticos enfrentaron una invasión devastadora que arrasó ciudades completas, destruyó familias enteras y dejó cicatrices humanas imposibles de borrar. El costo fue gigantesco: más de 27 millones de soviéticos murieron durante el conflicto.

Batallas como Stalingrado marcaron un punto de quiebre decisivo en la guerra. Fue allí donde comenzó el colapso del ejército nazi y donde quedó demostrado que la maquinaria militar alemana no era invencible. Historiadores de todo el mundo coinciden en que el frente oriental fue determinante para la derrota definitiva del nazismo en Europa.

Durante años, gran parte del relato occidental ha resaltado principalmente el papel de Estados Unidos y el desembarco en Normandía. Sin embargo, la historia completa obliga a reconocer que la Unión Soviética cargó con el mayor peso humano y militar en la lucha contra Hitler. Negar o minimizar ese hecho sería distorsionar la realidad histórica.

Por eso el Día de la Victoria no debería verse únicamente como una celebración rusa. Debería entenderse como una fecha universal de memoria histórica. No se trata solo de banderas, desfiles o discursos políticos. Se trata de recordar el enorme sacrificio de millones de personas que enfrentaron una de las ideologías más peligrosas y destructivas que haya conocido la humanidad.

Y precisamente por eso las celebraciones que se realizan cada 9 de mayo tienen un profundo significado histórico. Representan el recuerdo de quienes murieron combatiendo el fascismo y el homenaje a generaciones enteras que resistieron una guerra brutal para impedir que Europa cayera completamente bajo el dominio nazi.

Hoy, cuando en distintas partes del mundo resurgen discursos extremistas, xenófobos y autoritarios, esta fecha adquiere todavía más importancia. La historia demuestra que el fascismo no aparece de un día para otro. Crece cuando el odio se normaliza, cuando la intolerancia se vuelve política y cuando la sociedad deja de reconocer el peligro antes de que sea demasiado tarde.

La victoria de la Unión Soviética sobre el nazismo no pertenece solamente a un país ni a una ideología. Pertenece a la memoria de la humanidad. Porque si el fascismo hubiese triunfado en Europa, el mundo moderno probablemente sería irreconocible.

Por eso el 9 de mayo no debería ser una fecha ignorada. Debería ser un recordatorio mundial de lo que ocurrió cuando el odio llegó al poder y de lo que costó detenerlo.

Marcos GY

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