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Miki Torres confirmó lo que el fujimorismo negó durante años

Durante años, el fujimorismo y sus aliados repitieron que hablar de un complot contra Pedro Castillo era “victimismo”, “paranoia” o simple resentimiento político. Pero bastaron unas cuantas palabras de Miki Torres para que toda esa narrativa comenzara a derrumbarse.

“Los periodistas lo hicieron, el Congreso también lo hizo, el Ministerio Público también lo hizo. Fue verdaderamente una suma de esfuerzos para que ese señor se vaya”.

La frase no salió de un militante de izquierda ni de un defensor de Castillo. La dijo Miguel “Miki” Torres, actual candidato a la vicepresidencia por Fuerza Popular. Y lo más grave no es solamente lo que dijo, sino la tranquilidad con la que lo dijo.

Porque Torres prácticamente describió cómo distintos sectores de poder actuaron juntos para sacar del camino a un presidente elegido por millones de peruanos. Congreso, medios de comunicación y Fiscalía moviéndose en la misma dirección, con un mismo objetivo político.

Durante años vimos cómo se instalaba una campaña permanente de desgaste: vacancias desde el primer día, ataques diarios en televisión, titulares coordinados, filtraciones selectivas y una presión política constante para hacer ingobernable el país. Mientras millones de peruanos denunciaban que existía una operación para tumbarse a Castillo, los grandes poderes respondían burlándose y diciendo que todo era imaginación.

Hoy, uno de los hombres más importantes del fujimorismo prácticamente admite que sí existió esa articulación.

Y no se puede ignorar quién lo dice. Fuerza Popular no es un partido cualquiera. Es una organización política investigada durante años por presuntos delitos de lavado de activos y organización criminal. Keiko Fujimori afrontó prisión preventiva y su entorno político ha estado vinculado constantemente a investigaciones fiscales. Por eso las declaraciones de Miki Torres son todavía más escandalosas: porque vienen de un sector político acusado justamente de actuar como una maquinaria de poder para controlar instituciones e influir en la política nacional.

Lo más peligroso es que estas declaraciones parecen normalizar algo gravísimo: que grupos políticos, sectores mediáticos y partes del aparato estatal puedan coordinar para decidir quién gobierna el país y quién no.

Y después de sacar a Castillo, ¿qué vino? Presidentes débiles, gobiernos sometidos al Congreso y un país cada vez más desconectado de la voluntad popular. Mientras la población exigía soluciones, el Congreso consolidaba más poder y Fuerza Popular seguía moviendo piezas desde el centro de la política peruana.

Quizá Miki Torres creyó que estaba celebrando una victoria política. Pero terminó haciendo algo mucho más importante: confirmar públicamente lo que millones de peruanos sospechaban desde hace años.

A veces el poder cae no por una investigación, sino por exceso de sinceridad.

Marcos GY

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