En un país donde muchas veces las oportunidades no llegan a quienes más las necesitan, hay historias que nacen desde abajo y logran abrir camino donde antes solo había abandono. La de Marco Cosquillo Vilca es una de ellas. Barbero de oficio, pero sobre todo agente de cambio, decidió convertir su propia historia en una herramienta para rescatar a jóvenes atrapados en la calle, las drogas y el pandillaje.
Su proyecto no nació como una gran iniciativa estructurada ni con apoyo institucional. Empezó en su propio barrio, con una idea simple pero poderosa: enseñar barbería para que otros jóvenes puedan tener un sustento y alejarse de la violencia. Con el tiempo, lo que comenzó como un esfuerzo local creció hasta convertirse en una oportunidad para chicos de distintos lugares que buscan rehacer su vida.
La motivación de Marco no es teórica, es personal. Él mismo vivió en las calles, rodeado de violencia, drogas y barras bravas. Vio morir amigos en peleas y por sobredosis, y entendió que ese camino no tenía salida. Esa experiencia, lejos de hundirlo, se convirtió en el motor para evitar que otros pasen por lo mismo. Hoy, su mensaje no es desde la distancia, sino desde la vivencia.

Los jóvenes que llegan a él cargan historias duras: abandono familiar, adicciones y entornos marcados por la violencia. El primer paso no es enseñarles a cortar cabello, sino acercarse. Marco lo hace desde la empatía: muchas veces con un desayuno o una cena, un corte de cabello y, sobre todo, una conversación honesta. Así empieza un proceso que no solo forma barberos, sino personas.
El aprendizaje es progresivo, pero efectivo. Desde cero, los jóvenes reciben formación teórica y práctica. En pocas semanas ya están cortando, y en tres o cuatro meses comienzan a trabajar y generar ingresos. Con el tiempo, muchos logran independizarse e incluso abrir sus propias barberías. Pero más allá del oficio, el cambio más importante es interno: aprenden respeto, disciplina, orden y trabajo en equipo.
Los resultados no se miden solo en dinero, sino en transformación. Jóvenes que antes vivían impulsivamente ahora controlan su carácter, mejoran su lenguaje, cuidan su apariencia y, sobre todo, apoyan a sus familias. Para Marco, ese es el verdadero logro: verlos cambiar de vida.

Una de las historias que más lo marcó es la de Kevin, un adolescente de 14 años que soñaba con aprender barbería, pero no tenía recursos. Su realidad era dura: nunca conoció a su padre, su madre era adicta y tenía un hermano con hidrocefalia a quien debía cuidar. Kevin trabajaba en construcción para llevar comida a casa, pero quería un oficio que le permitiera estar cerca de su hermano. Marco decidió ayudarlo y le brindó las herramientas necesarias para comenzar. Hoy, Kevin tiene su propia barbería y trabaja junto a su hermano. La historia, que comenzó con lágrimas, hoy se sostiene con dignidad.
El camino no ha sido fácil. Marco trabaja sin respaldo institucional y enfrenta limitaciones constantes, como la falta de herramientas o de modelos para que los jóvenes practiquen. Actualmente cuenta con recursos limitados que comparte entre sus alumnos, pero aun así ha logrado abrir su propia escuela de barbería en la Calle 14 de Noviembre, Mz B Lote 5, en el distrito de San Martín de Porres, desde donde continúa formando a nuevos jóvenes con la misma convicción.
Su visión es clara: expandir esta iniciativa a otros distritos y provincias del país. No solo para ayudar directamente, sino también para inspirar a otros a replicar el modelo. Desde su experiencia, hay una crítica directa: el Estado no llega a estos espacios ni ve la realidad de los jóvenes en zonas más vulnerables.

A pesar de todo, su mensaje mantiene una base firme: sí se puede cambiar. Marco se presenta como prueba de ello. Para los jóvenes que hoy están en la calle, su mensaje es directo: las drogas y la violencia no llevan a nada, pero siempre existe la posibilidad de dar un paso distinto. Él no solo ofrece capacitación, ofrece acompañamiento, una figura cercana, casi familiar.
Hoy, su proyecto sigue creciendo desde el esfuerzo propio y el compromiso diario. Como muchas iniciativas sociales que nacen desde la comunidad, su sostenibilidad depende en gran medida de quienes creen en este tipo de trabajo y deciden sumarse de alguna manera. Quienes deseen conocer más o contribuir con esta labor pueden contactarlo a través de sus redes sociales.
En medio de un sistema que muchas veces falla en llegar a quienes más lo necesitan, historias como esta recuerdan que el cambio también puede empezar desde lo más simple: una conversación, una oportunidad y una máquina de cortar cabello.
Marcos GY

