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El presidente que gobierna a escondidas

El problema del presidente José Jerí no es un malentendido ni un exceso de la prensa. Es un problema claro y concreto: un presidente que actúa como si no tuviera que rendir cuentas. Cuando el jefe de Estado se reúne encapuchado, entra por puertas traseras y evita dejar registro de sus encuentros, no estamos ante un error menor, sino ante una conducta grave.

No hablamos de una sola reunión ni de un descuido. Hablamos de citas fuera de la agenda oficial con empresarios extranjeros, de encuentros realizados a escondidas y de personas con problemas judiciales ingresando a Palacio de Gobierno. Eso no es normal. No lo es en ningún país, y menos en uno donde la desconfianza hacia el poder ya es alta.

La defensa del presidente ha intentado explicar todo diciendo que no hay delito, que no hubo dinero de por medio y que ninguna ley prohíbe esas reuniones. Pero ese argumento no alcanza. Un presidente no gobierna solo para no ir preso. Gobierna para dar confianza. Y cuando se esconde, cuando no deja registro y cuando explica tarde y mal, esa confianza se rompe.

Aquí lo más grave no es solo lo que hizo, sino cómo decidió hacerlo. Nadie se encapucha por accidente. Nadie entra a escondidas por casualidad. Eso se hace cuando no se quiere ser visto, cuando no se quiere dejar rastro. Y en política, esconderse siempre dice más que mil comunicados oficiales.

A eso se suma un problema mayor: las explicaciones. Versiones que cambian, aclaraciones que llegan tarde y un esfuerzo constante por minimizar lo ocurrido. Cuando un presidente actúa así, la sospecha no es exagerada, es lógica. Porque quien no tiene nada que ocultar, no actúa como si lo tuviera.

Desde el lado legal, corresponde que la Fiscalía investigue y que el Congreso fiscalice. Pero la política no espera sentencias. La legitimidad se pierde en tiempo real, cada vez que el poder actúa en la sombra y luego pide que le crean.

El problema, entonces, no es una cena ni una anécdota. El problema es un presidente que gobierna como si el control fuera opcional y la transparencia un trámite posterior. Esa forma de gobernar no es compatible con el cargo. Y cuando un mandatario no entiende ese límite básico, el debate deja de ser sobre errores y pasa a ser sobre si debe seguir gobernando.

Marcos GY

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