Nos han hecho creer que el problema del Perú es una pelea entre derecha e izquierda. Que si gana uno, todo mejora, y si gana el otro, todo se arruina. Pero la realidad es otra, y es más incómoda: el problema no es la ideología, es quién tiene el poder y cómo lo usa.
En 2016 elegimos a Pedro Pablo Kuczynski, un presidente de derecha. En 2021 elegimos a Pedro Castillo, un presidente de izquierda. Dos caminos distintos, dos discursos opuestos. Pero el resultado fue el mismo: crisis, enfrentamientos y un país paralizado.
¿Casualidad? No.
En ambos casos hubo un actor que se repite y que muchos prefieren no señalar con claridad: el fujimorismo. Liderado por Keiko Fujimori, heredero directo del sistema político construido en los años de Alberto Fujimori y de la maquinaria que operó junto a Vladimiro Montesinos, este grupo ha tenido un rol clave en hacer ingobernable el país cuando no controla el Ejecutivo.

En 2016, con mayoría en el Congreso, bloquearon, presionaron y terminaron empujando la salida de Kuczynski. No gobernaban, pero tampoco dejaban gobernar. El mensaje era claro: si no eres parte de ellos, no avanzas.
En 2021 la historia se repitió, aunque con otra forma. Desde el Congreso, junto a aliados políticos, se generó un escenario de confrontación permanente contra Castillo. No se trató solo de fiscalizar, se trató de desestabilizar. El resultado fue otra vez el mismo: un país sin rumbo, con crisis tras crisis.
Y aquí está el punto que muchos evitan decir. Esto no es solo Fuerza Popular. Hay una red política más amplia que ha actuado en conjunto: Alianza para el Progreso, Renovación Popular, Avanza País e incluso sectores de Perú Libre en distintos momentos. Cambian los discursos, cambian las posiciones públicas, pero a la hora de votar y tomar decisiones clave, muchas veces terminan alineados.
Mientras tanto, el país sigue pagando las consecuencias. Inseguridad desbordada, instituciones debilitadas y ciudadanos cada vez más desconectados de la política. Y aun así nos siguen vendiendo la historia de que todo se resume en izquierda contra derecha.
No. El problema es otro.
El problema es un grupo político que ha demostrado que prefiere el control antes que la gobernabilidad. Que si no gana, bloquea. Que si no dirige, estorba. Y que ha aprendido a mantenerse vigente no necesariamente ganando elecciones, sino controlando el Congreso y las decisiones clave.

Seguir cayendo en la trampa de elegir “contra el otro” es repetir el mismo error. Porque mientras la gente discute ideologías, otros ya entendieron cómo manejar el poder desde atrás.
Si no entendemos eso, vamos a seguir votando distinto… para obtener el mismo resultado.
Y aquí viene lo más importante. Si sigues votando por los mismos de siempre o por sus aliados, no esperes cambios. No esperes seguridad, ni estabilidad, ni respeto por la democracia. Vas a tener más de lo mismo, porque ya demostraron cómo gobiernan cuando tienen poder.
El voto no es un trámite. Es la única herramienta real que tienes para cambiar el rumbo del país. Y ese cambio no va a venir de quienes ya estuvieron y fallaron, ni de quienes los acompañan hoy.
Romper el ciclo depende de ti. Dejar de votar por los mismos de siempre no es un capricho, es una necesidad.
Porque si el Perú quiere cambiar, tiene que empezar por cambiar a quienes lo han tenido atrapado todos estos años.
Marcos GY

