Hay elecciones que se definen por promesas. Otras se definen por la memoria. La próxima elección presidencial será una de ellas.
Quienes hoy piden una nueva oportunidad para Keiko Fujimori suelen hablar del futuro. Sin embargo, resulta imposible ignorar el historial político construido durante los últimos años por Fuerza Popular, el partido que ella lidera y que ha sido protagonista de algunas de las decisiones más controvertidas de la historia reciente del Perú.
CUELLOS BLANCOS DEL PUERTO. El mayor escándalo de corrupción judicial de las últimas décadas no solo sacudió al sistema de justicia; también dejó al descubierto la cercanía entre operadores judiciales y sectores del poder político. Diversas revelaciones y audios generaron cuestionamientos sobre el entorno político de Fuerza Popular y reforzaron las críticas contra una organización que ya acumulaba serios cuestionamientos sobre su relación con determinadas estructuras de poder.
BLINDAJE E IMPUNIDAD. Desde el Congreso, Fuerza Popular y sus aliados fueron acusados repetidamente de proteger a funcionarios cuestionados, bloqueando investigaciones o evitando sanciones políticas. Pedro Chávarry, Patricia Benavides y Dina Boluarte son algunos de los nombres que aparecen en una larga lista de controversias donde la mayoría parlamentaria optó por cerrar filas antes que favorecer el esclarecimiento de los hechos.
MENOS BECAS, MÁS PRESUPUESTO PARA EL CONGRESO. Mientras miles de jóvenes de familias humildes enfrentaban incertidumbre sobre su acceso a programas educativos, el Congreso controlado por Fuerza Popular y sus aliados aprobaba cientos de millones de soles adicionales para fortalecer su propia estructura. Fue una decisión que muchos interpretaron como una demostración clara de cuáles eran sus verdaderas prioridades.
INESTABILIDAD POLÍTICA. Desde 2016, el país ha vivido una de las etapas más turbulentas de su historia republicana. La confrontación impulsada por el fujimorismo contra distintos gobiernos contribuyó a una crisis permanente que terminó debilitando la gobernabilidad, afectando la economía y aumentando el desencanto ciudadano con la política.
EXONERACIONES Y BENEFICIOS TRIBUTARIOS. Mientras millones de peruanos reclamaban mejores servicios públicos, Fuerza Popular y sus aliados respaldaron iniciativas que favorecían a grandes grupos económicos mediante beneficios tributarios que significaban miles de millones de soles menos para el Estado. Menos recursos para salud, educación y seguridad; más privilegios para quienes ya tenían ventajas.
LEYES PRO CRIMEN. En medio del avance de la extorsión, el sicariato y el crimen organizado, el bloque liderado por Fuerza Popular impulsó reformas cuestionadas por fiscales, jueces y especialistas. Las advertencias fueron claras: varias de estas normas debilitaban herramientas fundamentales para combatir a las organizaciones criminales. A pesar de ello, fueron aprobadas y defendidas políticamente.
CAPTURA DE INSTITUCIONES. Tribunal Constitucional, Defensoría del Pueblo y Junta Nacional de Justicia terminaron en el centro de una disputa por el control de los contrapesos democráticos. Diversos analistas sostienen que Fuerza Popular y sus aliados utilizaron su mayoría parlamentaria para extender su influencia sobre organismos que deberían actuar con independencia frente al poder político.
USO DE LA FUERZA Y DERECHOS HUMANOS. Tras las muertes ocurridas durante las protestas de 2022 y 2023, en lugar de fortalecer los mecanismos de control y rendición de cuentas, el Congreso impulsó normas que, según organismos nacionales e internacionales, podían favorecer escenarios de impunidad. Fuerza Popular fue uno de los principales respaldos políticos de esas iniciativas y del gobierno que hoy enfrenta cuestionamientos por aquellos hechos.
CAMBIOS A LA CONSTITUCIÓN SIN CONSULTA CIUDADANA. El Congreso liderado por Fuerza Popular y sus aliados modificó aspectos fundamentales del sistema político sin convocar a la ciudadanía a pronunciarse. Incluso se impulsaron restricciones a los mecanismos de referéndum, reduciendo la capacidad de los ciudadanos para intervenir en decisiones que afectan las reglas del país.

Ninguno de estos episodios ocurrió en el vacío. Todos tienen un elemento en común: la participación decisiva de Fuerza Popular, el partido de Keiko Fujimori. Por eso, cuando llegue el momento de votar, la pregunta no será únicamente quién ofrece el mejor discurso o la mejor campaña publicitaria.
La verdadera pregunta es si el Perú está dispuesto a entregar nuevamente el poder a una organización política que ha estado vinculada, directa o indirectamente, a algunas de las decisiones más cuestionadas de la última década.
La democracia exige memoria. Porque cuando los ciudadanos olvidan, quienes ejercieron el poder sin rendir cuentas siempre encuentran la manera de volver a pedir una nueva oportunidad.
Y el Perú ya conoce las consecuencias de ese experimento.
Marcos GY


