La crisis política que marcó al Perú durante la última década comenzó tras las elecciones de 2016. Aunque Pedro Pablo Kuczynski ganó la presidencia, Fuerza Popular obtuvo una amplia mayoría en el Congreso con 73 de los 130 escaños. Desde el inicio del nuevo gobierno, la relación entre ambos poderes estuvo marcada por la confrontación. Interpelaciones, censuras ministeriales y permanentes enfrentamientos políticos convirtieron la gobernabilidad en una tarea cada vez más difícil. Lo que debió ser una etapa de equilibrio democrático terminó convirtiéndose en un conflicto constante entre el Ejecutivo y el Legislativo.
Entre 2016 y 2018, varios ministros fueron censurados o forzados a renunciar en medio de enfrentamientos con la mayoría parlamentaria. El caso más recordado fue la censura del ministro de Educación Jaime Saavedra en diciembre de 2016. Posteriormente, los conflictos continuaron con otros integrantes del gabinete y terminaron debilitando progresivamente al gobierno de Kuczynski. La confrontación política pasó a ocupar el centro de la agenda nacional mientras problemas urgentes como la inseguridad, la informalidad y la crisis de servicios públicos quedaban relegados a un segundo plano.
La llegada de Martín Vizcarra a la presidencia no redujo las tensiones. Por el contrario, el conflicto con el Congreso dominado por Fuerza Popular se intensificó. Las discrepancias sobre reformas políticas, reformas judiciales y la elección de magistrados del Tribunal Constitucional profundizaron la crisis institucional. El enfrentamiento llegó a su punto máximo el 30 de septiembre de 2019, cuando Vizcarra decidió disolver constitucionalmente el Congreso tras considerar denegada una cuestión de confianza. La medida fue respaldada por amplios sectores de la ciudadanía, pero también evidenció el nivel de deterioro que había alcanzado la relación entre ambos poderes del Estado.

La respuesta parlamentaria agravó aún más la crisis. Horas después de la disolución, el Congreso suspendió a Vizcarra y juramentó a la vicepresidenta Mercedes Aráoz como presidenta encargada de la República. Durante varias horas, el país vivió una situación inédita con dos autoridades reclamando legitimidad sobre la jefatura del Estado. Sin respaldo político ni ciudadano suficiente, Aráoz renunció al día siguiente. Un año después, en noviembre de 2020, el nuevo Congreso aprobó la vacancia de Vizcarra, desencadenando la breve presidencia de Manuel Merino y una ola de protestas que terminó con la muerte de Inti Sotelo y Bryan Pintado. La crisis política ya había dejado de ser un conflicto entre autoridades para convertirse en una crisis nacional.
La inestabilidad continuó durante los gobiernos de Pedro Castillo y Dina Boluarte. Castillo enfrentó constantes intentos de vacancia y una confrontación permanente con el Congreso hasta su destitución en diciembre de 2022. En contraste, Boluarte encontró respaldo en la mayoría parlamentaria liderada por Fuerza Popular y sus aliados, lo que le permitió mantenerse en el poder pese a registrar algunos de los niveles de aprobación más bajos de la historia republicana. Diez años después del inicio de este ciclo político, el balance resulta evidente: un presidente renunció, otro disolvió el Congreso, otro fue vacado, otro gobernó apenas cinco días y una presidenta sobrevivió gracias al respaldo parlamentario. Para muchos peruanos, esta década no será recordada por grandes reformas ni avances institucionales, sino como el período en que la confrontación política se convirtió en la principal causa de la inestabilidad del país.
Marcos GY


